Víctor
Hugo Prado
Demoledores son los resultados obtenidos
por los estudiantes mexicanos en PISA 2025, la evaluación de la OCDE
que mide lo que saben y son capaces de hacer los jóvenes de 15 años
en ciencias, lectura y matemáticas. Más allá de las cifras, el
resultado coloca frente al espejo una realidad que difícilmente
podemos seguir ignorando: la profunda crisis de los aprendizajes en
México.
Los números hablan por sí mismos. México obtuvo 408
puntos en lectura, frente a 461 del promedio de la OCDE; 414 en
ciencias, contra 482; y 388 en matemáticas, frente a 463. En las
tres áreas nos encontramos muy por debajo del promedio
internacional. En matemáticas, además, siete de cada diez
estudiantes no alcanzan el nivel básico de competencia.
Muy
lejos estamos de los sistemas educativos que encabezan la evaluación.
Singapur y China —en su conjunto de economías evaluadas—
aparecen entre los de mejor desempeño, acompañados por Japón,
Corea, Estonia y otros países que han apostado por fortalecer
conocimientos, disciplina académica y competencias
científicas.
PISA no pretende decirlo todo sobre un sistema
educativo, pero sí ofrece una fotografía difícil de desmentir. Y
esa fotografía muestra que nuestros estudiantes están llegando a
los 15 años con enormes dificultades para comprender textos,
resolver problemas matemáticos y aplicar conocimientos
científicos.
Las causas son múltiples: desigualdad entre
regiones, carencias de infraestructura, insuficiente acceso a
tecnología, condiciones económicas que obligan a algunos jóvenes a
incorporarse tempranamente al trabajo y problemas sociales que
favorecen el abandono escolar. Todo ello influye.
Pero también
debemos mirar hacia dentro del sistema educativo. La formación y
actualización permanente de los docentes, la calidad de los planes y
programas de estudio y la solidez de los contenidos que se enseñan
no pueden quedar subordinados a intereses ideológicos ni a
ocurrencias sexenales, entre los que se encuentra el diseño de
libros de texto sin solidez académica, sobrecargados de errores e
ideología.
Las matemáticas, por ejemplo, no son únicamente
números y operaciones: enseñan a razonar, ordenar ideas, analizar
evidencias, resolver problemas y tomar decisiones.
Quizá hemos
olvidado algo elemental: la educación es un derecho humano
fundamental y una de las principales herramientas para combatir la
pobreza, reducir las desigualdades y construir sociedades más
justas.
PISA no condena a México. Nos advierte. Ignorar la
advertencia sería mucho más grave que los malos resultados.


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