Fernando G. Castolo*
La
Ciudad conmemora en este año 2026 su 493 aniversario y es tiempo de
hacer un alto para evaluar qué Ciudad queremos para el medio
milenio. La fecha fundacional establecida, en términos religiosos,
es la del 15 de agosto de 1533.
La tradición versa que el
fraile Juan de Padilla dejó establecido un pueblo al que bautizó
como Santa María de la Asunción de Zapotlán, y que, dos años
después, al tiempo en que el primer virrey de la Nueva España, don
Antonio de Mendoza, llegó a estas tierras mesoamericanas, se
entrevistó con Padilla y le proporcionó todo lo que requería para
edificar el primer convento de canteras, donde se incluyó el gran
templo con sus anexos: claustro, atrio y huertos.
Con este
cobijo igualmente se instaló el primer centro de enseñanza musical
en el occidente mexicano, donde los naturales aprendieron coloquios
que llevaron a la escena a manera de Pastorelas, como parte de la
tarea evangelizadora.
Juan de Padilla trazó una ciudad
inspirada en la "cuadrícula", manzanas de cien por cien
varas castellanas, en donde se dispusieron los primeros peninsulares
que habitaron la zona. Esta Ciudad cuadriculada partía de un centro
donde había una gran explanada de suelo raso, circulada por los
principales edificios de la comarca donde se instalaron los poderes
civiles y eclesiásticos.
El pueblo se conectaba con el resto
de la región a través del camino real (hoy calle Federico del
Toro-Primero de Mayo), y contenía en sus muros el asentamiento
indígena de Analco, al sur de la pequeña urbe.
Desde
entonces, la Ciudad ha experimentado una serie de formas y reformas
hasta darle su actual fisonomía, definiendo sus rasgos y su rostro,
a partir de lo que sus pobladores han decidido intervenirla en
diversas épocas. Las radicales modificaciones han entendido,
sobre todo, la presencia de temblores de tierra que no dejan
construcción sin cicatrices.
Aunado a ello, la capacidad
económica de los residentes la han hecho más atractiva a partir de
la implementación de calidades en sus arterias y edificios, así
como en el mobiliario urbano. La Ciudad está a punto de conmemorar
sus primeros 500 años de vida, y es momento de reflexionar qué
Ciudad queremos para nosotros y qué Ciudad estamos legando a las
generaciones que vienen detrás; por ello, debemos de propiciar
factores que le den rumbo y certeza de que llegará a otros
quinientos años con la seguridad de su amplia capacidad para
transformarse y adecuarse a los tiempos y a las circunstancias
imperantes.
* Cronista Oficial de Zapotlán el Grande.

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