Víctor Hugo Prado
Recientemente,
Francisco Abundis, director asociado de Parametría, empresa dedicada
a realizar estudios sobre comportamiento social, opinión pública y
análisis antropológico, publicó en Milenio
un artículo sobre la tesis sostenida por el periodista
británico-brasileño Alan Riding, corresponsal en México durante 12
años, entre 1971 y 1984, quien falleció en junio pasado en
París.
Riding trabajó para medios como Financial
Times, The
Economist y la BBC.
Durante los últimos seis años de su estancia en nuestro país
colaboró con The New
York Times. En 1984
publicó un libro polémico y revelador: Vecinos
distantes, una obra
que expuso las prácticas de los gobiernos priistas, sustentadas en
la corrupción, el nepotismo y el control político. Por ello, señala
Abundis, el gobierno mexicano intentó bloquear su edición en
español, publicada un año después de la versión inglesa.
Carlos
Fuentes defendió el libro y sostuvo que, con el tiempo, se
convertiría en un clásico sobre México. También lo respaldaron
intelectuales como Octavio Paz y Enrique Krauze. Riding describía un
sistema en el que la corrupción parecía permear la vida pública y
en el que el PRI había convertido al Estado en un aparato de
control: partido y gobierno eran, prácticamente, una misma
estructura.
Pero una de sus tesis centrales trascendía la
política mexicana. Sostenía que “probablemente en ningún lugar
del mundo existen dos países, uno al lado del otro, que se entiendan
tan poco como México y Estados Unidos”.
Casi medio siglo
después, la afirmación conserva una sorprendente vigencia. México
y Estados Unidos permanecen unidos por una frontera, una economía y
una historia compartidas, pero separados por profundas diferencias
culturales y psicológicas. Idioma, moneda, relación con la ley,
instituciones, Estado de Derecho, economía, desarrollo,
infraestructura e incluso deportes expresan dos realidades que, pese
a su proximidad, no siempre se comprenden.
La relación
bilateral se mueve así entre una integración económica inevitable
por la vecindad y una resistencia política alimentada por agravios
históricos. México necesita a Estados Unidos, pero al mismo tiempo
suele mirarlo con desconfianza.
A 42 años de la publicación
de Vecinos distantes,
una encuesta de Parametría parece confirmar la vigencia de aquella
percepción. El 48% de los consultados considera que México debe
estar “más cerca de América Latina”, mientras que apenas 33%
prefiere estrechar sus vínculos con Estados Unidos.
La
paradoja resulta evidente: mientras los mercados, las cadenas
productivas y los flujos migratorios han ligado profundamente el
destino material de México a Norteamérica, una parte importante de
la sociedad continúa mirando emocional y culturalmente hacia el
sur.
Quizá ahí permanezca la verdadera distancia que
describió Riding: México puede estar económicamente cada vez más
cerca de Estados Unidos, sin sentirse necesariamente más cerca de
él. ¿Usted que prefiere, sur o norte?

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