Páginas

lunes, 14 de septiembre de 2026

A propósito del Dia Mundial de la Prevención del Suicidio.

 

Ryūnosuke Akutagawa



Héctor Olivares Alvarez


La biografía de Ryūnosuke Akutagawa, a quien muchos consideran el padre del cuento japonés moderno, parece escrita por un novelista empeñado en llevar a su personaje hasta el límite. Su madre enloqueció después de su nacimiento y Akutagawa quedó bajo la tutela de sus tíos, quienes lo llamaban «el hijo de la loca». El estigma, la ansiedad y el temor de heredar aquella enfermedad lo acompañaron durante buena parte de su vida. A los 35 años, después de saldar las deudas que había heredado de uno de sus tíos, Akutagawa se quitó la vida con una sobredosis de Veronal.



En Ciudad Guzmán, la historia que voy a contarle podría no se tan diferente. Juventino era un trabajador agrícola de 24 años, originario de Guerrero, llegó hasta aquí para trabajar en el aguacate y se alojó en un albergue para jornaleros. Aseguran que era muy trabajador, poco dado a la conversación, pero no un solitario, de alguna manera buscaba la compañía de los demás. Una tarde la encontraron colgado del cuello de una viga. Allí terminó su vida.


Entre Akutagawa y este joven hay casi un siglo de distancia, dos países, dos historias personales que no conocemos y circunstancias que sería irresponsable equiparar. Pero hay algo que los une: las preguntas que quedan sin respuesta cuando una persona decide que ya no puede continuar viviendo.


¿Qué orilla a un ser humano a quitarse la vida por su propia mano? ¿emociones negativas y eventos estresantes?, ¿interacciones familiares, relaciones conyugales, relaciones interpersonales? ¿problemas laborales? ¿traumas de la infancia?





El suicidio es una urgencia vital ubicada no sólo en un contexto individual, sino también social, me refiero al debilitamiento de sus redes afectivas y sociales.


En la toma de decisiones de una persona que se implica en una conducta suicida interactúan diversos componentes básicos: un sufrimiento intenso; una carencia de recursos psicológicos para hacerle frente; y una marcada desesperanza ante el futuro, acompañada de la percepción de la muerte como única salida. Por ello, el suicidio no es un problema moral. Es decir, los que suicidas o los que intentan suicidarse no son cobardes ni valientes, sólo son personas que sufren, que están desbordadas por el sufrimiento y que no tienen la más mínima esperanza en el futuro. Se trata de un sufrimiento nada poético, acompañado siempre de una fuerte repercusión en lo terrenal, en la calidad de vida de los que le rodeaban.


En nuestro entorno se empieza a entrever la sombría tragedia que tiene lugar bajo nuestros ojos desde hace algunos años. Hoy sabemos que el suicidio se puede prevenir. También sabemos que la mayoría de las personas que piensan o intentan el suicidio no quieren realmente terminar con su vida. Sólo quieren alivio del intenso dolor emocional que están experimentando, pero no ven alternativas viables para resolver el problema o la cuestión que les atormenta. La mayoría de las personas no quiere realmente morir. Simplemente quiere acabar con el dolor.





Cada año, el 10 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, una iniciativa que brinda la oportunidad de unir esfuerzos con el propósito de fortalecer la detección de factores de riesgo, implementar programas de salud mental y difundir información de manera responsable, eliminar el estigma asociado a la salud mental y reconocer el suicidio como un verdadero problema de salud pública.


Ojalá que esta y otras iniciativas funcionen antes de que las palabras se mueran en la boca de quienes pretenden abandonar la vida de forma prematura



No hay comentarios.:

Publicar un comentario