Páginas

miércoles, 12 de agosto de 2026

Eso somos: la grandeza de Zapotlán

 


Fernando G. Castolo*



Obsequiar la vida... El valle de Zapotlán nos ha obsequiado la vida. Las generaciones se multiplican conforme pasan los años y aún pervivimos los de ayer en la memoria, los de ahora en el presente, y los que serán en la incertidumbre de los tiempos. Eso somos.



En la historia de esta comunidad, en los múltiples episodios que han cincelado su peculiar rostro, nos vemos a nosotros mismos aterrados por las erupciones volcánicas, por los temblores, por las inundaciones y por las pestes; pero también hay momentos memorables en las celebraciones civiles y religiosas, en el nacimiento de un notable personaje, en la sonrisa sincera de nuestra gente, en el gesto amable del semejante, en la solidaria mano en medio de las desgracias. Eso somos.


La leyenda dice que nos fundaron, como pueblo hispánico, hace casi quinientos años. Fray Juan de Padilla nos arropó con la protección de Santa María de la Asunción; luego, doscientos años después, el bachiller Francisco Alcaraz Silva nos impondría el patrocinio de San José como protector de calamidades naturales.


A finales del siglo XVIII nos empiezan a conocer como Zapotlán el Grande, nombre con el que se instala el primer Ayuntamiento Constitucional y con el que recibimos el título de Ciudad. A mediados del siglo XIX nos imponen el nombre de Ciudad Guzmán y bajo esta nomenclatura se apertura el primer centro de estudios profesionales en la región, se introducen varios medios de comunicación: telégrafo, teléfono, radio, televisión, ferrocarril y vehículos automotores; obviamente, todo facilitado con la electricidad; así como se erigen bellos inmuebles que hablan de esa opulencia experimentada.





Después, un declive, en el que desaparecen los cascos hacendarios, dejan la población importantes capitales y se vive una recesión económica, producto de movimientos sociales como la Cristiada, que desestabilizan a la comunidad. Vendrán luego novedosos aires que entusiasman la cultura, la industria y el comercio, alcanzando el reconocimiento de la segunda ciudad más importante de Jalisco. Finalmente, recobraremos nuestro nombre: Zapotlán el Grande, pero, a cambio, perderemos la tradición en la siembra del maíz y nos convertiremos en un emporio nacional aguacatero. Eso somos.


Nuestra Ciudad ha experimentado cambios radicales que la han fortalecido a lo largo de la historia. Hoy llegamos a nuestros primeros 493 años y seguimos avanzando, a pesar del incierto futuro que nos depara. Eso somos: la gente que quiere ver bien a Zapotlán, honrando memorias y transmitiendo querencias como muestra de nuestra mejor herencia.


*Cronista Oficial de Zapotlán el Grande.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario