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viernes, 7 de agosto de 2026

Conmemoración del Centenario del Natalicio del Dr. Roberto Espinoza Guzmán


 


Oscar Murguía


Saludo con respeto a las autoridades que hoy nos acompañan; a las y los Regidores del Ayuntamiento; a las autoridades de educación y cultura; a las amigas y amigos de la Casa de la Cultura; a todos nuestros invitados especiales, y de manera muy particular, a la familia del doctor Roberto Espinoza Guzmán, quienes con su presencia honran este acto de memoria y gratitud.



Hoy no nos reúne solamente un aniversario, nos reúne un siglo. Cien años desde que un 6 de agosto de 1926, nació en esta tierra privilegiada de Zapotlán el Grande, un hombre que habría de dedicar su vida a engrandecerla desde la cultura, la educación, el deporte, la literatura, el arte y el amor profundo por su pueblo. Amante del deporte, participó en fútbol, caza, tiro y basquetbol. En su honor, una unidad deportiva de la ciudad lleva su nombre.


Hay personas que pasan por la historia, y hay personas que ayudan a escribirla.






Roberto Espinoza Guzmán pertenece, sin duda, a estas últimas.


  • Fue odontólogo de profesión, pero poeta por vocación.

  • Fue maestro por convicción.

  • Investigador por curiosidad.

  • Fotógrafo por sensibilidad.

  • Promotor cultural por compromiso.

  • Y sobre todo, un zapotlense enamorado de su tierra.


Quienes tuvieron el privilegio de conocerlo cuentan que nunca dejó de aprender, que siempre llevaba un libro bajo el brazo, que encontraba belleza donde otros solamente veían lo cotidiano, que era capaz de convertir una conversación sencilla en una lección de vida.


Porque entendía que la cultura no era un privilegio.

Era una forma de construir comunidad.


Y esa sigue siendo una de las lecciones más vigentes de su legado.


Hoy resulta imposible hablar de Roberto Espinoza, sin hablar de la familia que caminó siempre a su lado.


Con profundo cariño recordamos a doña Virginia Arreola Zúñiga, inspiración de su obra más emblemática, Lirio del Valle.

No es casualidad que el amor haya dado origen a uno de los libros más importantes de la poesía zapotlense.





Porque detrás del poeta había un esposo profundamente enamorado.


Y detrás del escritor había un padre orgulloso de Roberto, Octavio, Alejandro, Mauricio, Magdalena y Alfredo, quienes fueron el centro de su vida y el motivo de muchas de sus alegrías.


Cuando uno revisa su historia, descubre algo extraordinario, Roberto Espinoza nunca entendió el éxito como un reconocimiento personal, lo entendía como una oportunidad para poner en alto el nombre de Zapotlán.


En 1952 obtuvo el Premio Jalisco de Literatura por Lirio del Valle y La Puerta del Agua.




Años después fue reconocido entre los 100 mejores poetas de Hispanoamérica por el Departamento de Literatura de San Miguel de Tucumán, Argentina.


Recibió innumerables distinciones y Flores Naturales en certámenes de poesía.


Pero quienes lo conocieron saben que el mayor premio para él siempre fue regresar a casa, “Regresar a Zapotlán”.


Porque aquí estaba su origen, y aquí estaba su inspiración.

Roberto Espinoza, perteneció a esa extraordinaria generación que hizo de nuestra ciudad la verdadera Atenas de Jalisco.

Una generación integrada por hombres y mujeres como Juan José Arreola, Consuelo Velázquez, Rubén Fuentes, Félix Torres Milanés y María Cristina Pérez Vizcaíno, que colocaron a Zapotlán en el mapa cultural de México.






Aquella época no surgió por casualidad, fue producto de mujeres y hombres que entendieron que las letras también construyen patria.


Que la cultura también transforma sociedades y Roberto Espinoza fue uno de sus pilares.

Su amor por Zapotlán iba mucho más allá de la poesía.

Fue integrante de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística de Jalisco.


Investigó nuestras pinturas rupestres de Las Peñas.

Participó como fundador del Grupo Arquitrabe, heredero del impulso cultural de Alfredo Velasco Cisneros.





Fue durante muchos años sustentador de los Juegos Florales, y ayudó a que la cultura dejara de ser un acontecimiento aislado para convertirse en parte de la identidad cotidiana de nuestro municipio.


Pero quizá una de las facetas que más generaciones transformó fue la de maestro.


Fue fundador de la Escuela Preparatoria de Ciudad Guzmán.

Su primer secretario, y posteriormente director durante doce años.


Impartió Historia de la Literatura Universal y Educación Estética.


Publicó los célebres Apuntes de Estética, utilizados durante años como texto escolar.


Muchos de quienes fueron sus alumnos recuerdan no solamente al profesor brillante.





  • Recuerdan al hombre sencillo.

  • Al maestro que escuchaba.

  • Al que enseñaba con paciencia.

  • Al que nunca dejó de creer, que la educación era la mejor herramienta para cambiar el destino de una persona.


Existe una imagen que resume perfectamente quién fue Roberto Espinoza.

  • Podía pasar de atender pacientes en su consultorio dental a organizar un acto cultural.

  • De escribir un soneto a impulsar un torneo de basquetbol.

  • De tomar una fotografía a preparar una clase.


Vivió convencido de que una vida plena no consiste en hacer una sola cosa extraordinaria, consiste en poner todos los talentos al servicio de los demás.


Y eso hizo hasta el último de sus días, cuando falleció, el 18 de junio de 1984, Zapotlán perdió a un gran hombre.


Pero ganó algo mucho más importante, ganó un legado que sigue vivo 42 años después.


Hoy, cien años después de su nacimiento, Roberto Espinoza sigue presente.





  • Está en las aulas.

  • En las bibliotecas.

  • En los versos que continúan emocionándonos.

  • En los Juegos Florales.

  • En la Casa de la Cultura.

  • En el Columnario de los Hijos Ilustres.

  • Y sobre todo, vive en la memoria colectiva de este pueblo agradecido.

A su querida familia quiero decirle algo con toda sinceridad.


Gracias”.


Gracias por haber compartido con Zapotlán a un hombre que pudo haberse quedado únicamente con sus logros personales, pero decidió dedicar buena parte de su vida al servicio de su comunidad.


Su legado también les pertenece, y este homenaje es igualmente para ustedes.


Como regidor del Ayuntamiento de Zapotlán el Grande, me honra participar en esta conmemoración.


Porque recordar a Roberto Espinoza, no significa solamente mirar hacia atrás.


Significa preguntarnos qué ciudad queremos construir hacia adelante.


  • Una ciudad donde la cultura siga siendo prioridad.

  • Donde la educación continúe formando ciudadanos libres.

  • Donde el arte siga despertando conciencias.

  • Y donde nuestros niños descubran que desde Zapotlán también se puede alcanzar la grandeza.

Que este centenario no sea únicamente una ceremonia, que sea un compromiso.





  • El compromiso de seguir sembrando libros.

  • De seguir formando lectores.

  • De seguir apoyando a nuestros artistas.

  • De seguir creyendo en la cultura como el alma de nuestra comunidad.

  • De seguir creando ciudadanía con vocación de servicio.


Porque mientras exista alguien que lea un poema de Roberto Espinoza Guzmán...


Mientras un joven encuentre inspiración en sus palabras...


Mientras Zapotlán continúe orgulloso de sus hijos ilustres...


Entonces, Roberto nunca dejará de estar entre nosotros”.


Hoy, a cien años de su nacimiento, Zapotlán el Grande le responde con gratitud: su vida valió la pena y su legado seguirá floreciendo para siempre...



*Texto leído por el regidor Oscar Murguía, durante la conmemoración del centenario de Roberto Espinoza Guzmán.



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