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domingo, 26 de julio de 2026

Alem Sapientia Trascendere

 



Dr. Guillermo Ramón Aguilar Peralta*



Tomando como referente a reciente conversación con doctos y valiosos amigos en la que disertamos sobre la valía de que un ser humano sea capaz de ir más allá de los límites, recordé esa frase de origen portugués Alem, que interpretada de forma humanista, poética y espiritual nos remite a eso que es invisible pero cercano a lo divino, a esa trascendencia que Invita a mirar más allá de lo visible y de los límites del cuerpo, a esa Infinitud, expresada cómo el anhelo del alma por alcanzar un estado o lugar eterno y etéreo.



Rememoro entonces a un ente excepcional a quien admiro no solo por compartir el ser Zapotlense, mi admiración obedece a su preeminente singularidad de ser una polímata José María Arreola y Mendoza, quien provisto una formación religiosa y a la vez apasionado del conocimiento científico, y con un sentido humanista, esas particulares cualidades neurofisiológicas de los genios, como son ese incansable aprendizaje continuo y a la vez capaces de un pensamiento transversal e increíble versatilidad. virtudes que evidenciaron la esencia del sacerdote, descubrieron y cincelaron al astrónomo, vulcanólogo, arqueólogo, Filólogo, lingüista, fotógrafo, quien por ser un adelantado a su época, en un entorno desprovisto de una aceptación irrestricto por la ciencia, en los albores de un estado liberal, pero con una coexistente confrontación con la iglesia católica, por el monopolio moral y educativo por la ciencia, fue capaz de convivir, conciliar, sobrellevar y sobreponerse a esas vicisitudes, siendo más evidentes al documentar y predecir eventos sísmicos en Zapotlán, que directa o indirectamente le confrontaron con el statu quo propiciando su destierro por el gobernador en turno, irónicamente otro gobernador visionario Jose Guadalupe Zuno en 1925, designo a El padre Arreola como miembro de la Comisión Organizadora de la Universidad de Guadalajara. Recuerda Zuno: En las sesiones de la Comisión, “El señor Arreola intervino con iguales capacidades y con una grandísima voluntad.





Personajes como él nos obligan a reflexionar sobre que fuerza poderosa que existe quizá, la potencia de obrar de Baruch Spinoza, que parte de una idea fundamental todo lo que existe tiende a perseverar en su existencia en la que cada cada ser busca continuar siendo lo que es esta tendencia recibe en su filosofía el nombre de conatus, se trata de una decisión una característica básica de la realidad, una planta insiste en crecer y mantenerse viva, un animal intenta conservar su existencia, un ser humano procura persistir desarrollarse y afirmarse en el mundo, sin embargo la existencia humana es más compleja que la simple supervivencia biológica las personas no solo quieren seguir viviendo, también desean comprender crear, comprender, entender, relacionarse, alcanzar metas, experimentar satisfacción y desarrollar sus capacidades, es entonces esta la potencia de obrar en términos generales, la potencia de obrar puede entenderse como la capacidad efectiva que tiene un individuo para actuar según su propia naturaleza desplegar sus capacidades y participar activamente en la realidad no en el sentido habitual de poder político de autoridad o dominio sobre otras personas, se refiere a la capacidad real de existir y actuar una persona puede tener una posición de enorme influencia social y sin embargo poseer una potencia de obrar limitada, cuando le domina la inseguridad o incertidumbres personales.


Quizá cada momento histórico sea un reto especialmente significativo para probar el valor de la individualidad que se desarrolla dentro de contextos sociales más complejos de lo que imaginamos, en la que construyen su identidad excepcional, quizá es que el individuo nunca se desarrolla completamente aislado la identidad que surge en diálogo que con otros aprendemos, de quiénes somos a través de relaciones, reconocimientos conflictos y experiencias compartidas, incluso cuando intentamos diferenciarnos seguimos relacionándonos con el mundo social del que formamos parte la frase yo soy diferente a los demás puede interpretarse entonces como una búsqueda de reconocimiento muchas veces no expresa simplemente una descripción de uno mismo, expresa el deseo de ser visto como alguien singular este aspecto resulta especialmente importante porque el reconocimiento es una necesidad humana profunda, las personas no solo necesitan sobrevivir físicamente también necesitan que su existencia tenga significado para otros, necesitan sentirse vistas comprendidas y valoradas en muchos casos la insistencia me remite al Coraje existencial de Paul Tilich, teólogo y filósofo alemán desarrolló su concepto el coraje del ser , una reflexión sobre el sentido humano ante la amenaza del sin sentido, la angustia, la nada y la desintegración del Yo, ese concepto del coraje de ser,surge como respuesta a esa amenaza que la nada representa para la integridad del sujeto no trata el coraje como una virtud general, no como una emoción pasajera, sino como una estructura ontológica de la existencia, esa capacidad del sujeto para afirmarse a sí mismo a pesar de la amenaza de la no existencia, este coraje no es simplemente valentía frente al peligro externo sino una confrontación directa con la posibilidad de la aniquilación del ser, es una afirmación de la vida en medio del conocimiento lúcido de su fragilidad y finitud biológica, el ser humano sabe que va a morir y esa conciencia no puede eliminarse, el destino no es solo la muerte física sino la pasividad radical frente a los límites de la existencia, la angustia del ser humano que no solo teme morir sino también teme haber vivido en el error o en la falla, con la insuficiencia como individuo que no puede estar a la altura de lo que debería ser, la aceptación de la ambigüedad el dolor y la pérdida, no se trata de negar la angustia sino de integrarla a el coraje existencial, no elimina la nada, pero permite vivir con ella, la nada no es vencida ni anulada, sino asumida.





El Ente del Ser y la nada, y la trascendencia, la presente vulnerabilidad del ser humano que se conoce y acepta finito y frágil pero que sin embargo es capaz de afirmarse, esa afirmación que no se basa en la fortaleza del yo, sino en su apertura a una profundidad que lo sostiene, la trascendencia, que asume la idea de ir más allá de los límites humanos para alcanzar una comprensión más profunda y significativa del proceso individual, en el que la persona debe enfrentarse a la angustia, la desesperación y las decisiones existenciales para encontrar un trascendencia, no se refiere simplemente a superar obstáculos externos sino a un viaje interior, en el que el individuo se enfrenta a su propia existencia, implica pasar por diferentes etapas de vida representa un nivel más profundo de comprensión y compromiso, una reflexión profunda sobre el sentido de sus acciones. la vida como el deber hacia los demás, la virtud más elevada en la jerarquía de la fe y acepta la existencia de dios como un salto cualitativo integrado con el universo, más allá de la razón, es en esta etapa donde se experimenta la verdadera trascendencia una relación directa y auténtica con lo divino.


En esta aceptación lúcida el sujeto se transforma, no se trata de suprimir el miedo, sino de habitarlo, la existencia se vuelve entonces un acto de afirmación en medio del abismo, esta afirmación es trágica pero no desesperada, es la respuesta más sublime, es quizá lo que un ente, como José María Arreola y Mendoza concibió con su Alem, Sapientia., Trascendere como el símbolo del perdón o la reconciliación divina.


*Coordinador del Capítulo Sur, de la BSGEEJ.


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