Fernando G. Castolo*
Desde 1936 y hasta
1940 radicó en esta población el distinguido jalostotitlense don
Rosalío González Gutiérrez, pintor de cabecera del arzobispo
tapatío José Garibi Rivera. Asistido de una gran sensibilidad y
gracia de influencia renacentista en sus obras, fue promovido para
dejar en varias parroquias de Jalisco, Aguascalientes y Michoacán
hermosos lienzos que embellecen los recintos católicos.
Cuando
en 1936 se aproximó el muralista José Clemente Orozco a su natal
Zapotlán para pintar algo en algún gran muro disponible, observó
que Rosalío estaba a punto de iniciar los trabajos en la entonces
Parroquia (hoy Catedral), a invitación del cura Antonio Ochoa
Mendoza y con el apoyo económico de Guillermo Ochoa Mendoza (electo
mayordomo para las fiestas juramentadas de 1937). Orozco, que
respetaba el trabajo de este colega, decidió abandonar la idea y se
alejó sin nunca más pretender cristalizar su idea.
Rosalío
González pinto cuatro monumentales lienzos (que quedaron adheridos a
los muros, a manera de murales) en que plasma escenas piadosas que
ensalzan la presencia de la Sagrada Familia en Zapotlán: "El
carpintero de Nazareth", "La Batalla de Lepanto",
"Tránsito de San José" y "San José, patrono de la
Iglesia Universal". Además, adornó las pechinas de la cúpula
central con ángeles que encumbran los atributos del Padre Putativo
de Jesús. Finalmente, también se encargó de pintar la hermosa
alegoría de la titular del templo: Nuestra Señora de la Asunción,
ubicada en el ábside. Sin embargo, dejó una obra más, en
caballete, que no se encuentra considerada dentro del catálogo de
obras de Rosalío González. Se trata de Nuestra Señora del Refugio,
ubicada en el ingreso frontal sur del templo parroquial de San
Antonio de Padua, hermosa madonna que es parte de los tesoros
artísticos de los católicos zapotlenses.
A Rosalío González
Gutiérrez igualmente debemos la exquisitez y buen gusto de las
alegorías, todas inspiradas en escenas bíblicas del renacimiento,
logrando impregnar un interesante realismo a las montajes que fueron
el deleite de propios y extraños por muchos años. Había un exceso
de dorados, telas coloridas en seda, tocados elaborados y complejos
diseños que evocaban el paraíso en la tierra. Rosalío (Chalío)
nació en el rancho La Mesa en 1892, enseñado y perfeccionado en su
arte por alarifes y artistas de la provincia de los Altos de Jalisco.
Sus obras en Zapotlán siguen siendo inspiradoras para los
espectadores que sabemos de la calidad en su pincel; por algo el
propio Orozco lo respetaba.
*Cronista Oficial de Zapotlán el Grande.


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