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domingo, 14 de junio de 2026

Aristeo Serrano Magaña, un orgulloso pincel zapotlense



Fernando G. Castolo*


Rosalío González Gutiérrez, el gran pintor de los monumentales lienzos de la Iglesia Catedral, tuvo por alumno al joven aprendiz Aristeo Serrano Magaña, zapotlense con ascendencia en la Sierra de Tigre.



Aristeo poseía la sensibilidad de un sincero admirador del arte, pero sus manos no tuvieron la gracia de imitar la belleza que veía. Sin duda era un gran lector, porque poseía conocimientos sobre cultura en general.

Fue amigo íntimo de la aristocrática dama doña María Rojas Manzano, última descendiente del más importante linaje zapotlense del siglo XIX, quien le ofrecía su piano para que interpretará piezas que conocía el joven Aristeo, quien vivía mimado por sus padres.

Con la llegada de Rosalío a Zapotlán, Aristeo se apersona y se ofrece como su ayudante. Después, cuando Rosalío se aleja de esta población, Aristeo inicia una carrera en el ambiente pictórico. Obviamente, es recurrente el tema de piadosas escenas bíblicas, las que imita de los Maestros renacentistas. Su mano, sin embargo, no tuvo la gracia, aunque sí la inspiración. La mayor parte de su obra se encuentra en colecciones particulares, pero otro tanto se puede apreciar en templos como El Sagrario y la capilla de Atequizayán, dado que fue el pintor de cabecera del recordado Padre Munguía.





Bella es la alegoría en que San Francisco recibe milagrosamente los estigmas de Cristo, en el muro de la nave sur de la propia parroquia de El Sagrario. Mucha gente aún le recuerda por su apodo: "Marco Petronio". Aristeo Serrano Magaña es un orgulloso pintor zapotlense que es necesario rescatar del anonimato en que se encuentra.


*Cronista Oficial de Zapotlán el Grande.  



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