Fernando G. Castolo*
La
gastronomía mexicana es considerada Patrimonio de la Humanidad, y
una zapotlense contribuyó sobremanera para alcanzar ese status de
reconocimiento universal. Una faceta poco estudiada de la zapotlense
Lupe Marín es justamente su aportación al arte culinario que
cautivó el gusto de grandes artistas e intelectuales durante gran
parte del siglo XX.
El casarse con el muralista Diego Rivera le dio la oportunidad de relacionarse con un selectivo ambiente de entes creadores que visitaban al Maestro pero se quedaban siempre con ella en la cocina. El matrimonio duró poco, y cuando Diego se vuelve a casar con Frida Kahlo fue Lupe Marín la que preparó el gran banquete que se obsequió a los invitados. En ese momento su fama se exponenció, cuando todos expresaban las delicias que Lupe Marín confeccionaba desde la cocina: birrias, frijoles de fiesta, pozoles, tamales, atoles, moles, ates, conservas, y un largo etcétera de un íntimo recetario que, seguramente, heredó de su ancestros, todos zapotlenses. Los olores a especias e ingredientes invadían las residencias en que Lupe Marín era invitada o se acomedía a preparar alimentos.
Frida aprendió los secretos de aquella cocina y la
internacionalizó, ganándose desde entonces el prestigio que
actualmente envuelve a la cocina tradicional mexicana. Salvador Novo
fue un constante asistente en la cocina de Lupe Marín, quien se
encargó de documentar sus preparaciones, generando invaluables
aportes sobre los secretos de esta cocina.
Es cierto, Lupe Marín fue una mujer polémica como escritora y como protagonista de diversos escándalos, pero poco se reconoce su gran aporte desde la trinchera del arte culinario mexicano.
*Cronista Oficial
de Zapotlán el Grande.
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