Ya que las relaciones
defectuosas con otros seres humanos casi siempre han sido la causa
inmediata de nuestros sufrimientos, incluyendo nuestro alcoholismo,
no hay otro campo de investigación que pueda ofrecernos recompensas
más gratificadoras y valiosas que éste.
La buena voluntad es
algo peculiar para mí porque, con el tiempo, parece venir primero
con conciencia, pero después con un sentimiento de incomodidad que
me hace querer ponerme en acción. Mientras yo pensaba en dar el
Octavo Paso, mi disposición a hacer reparaciones me llegó como un
deseo de perdonar a otros y a mí mismo. Sentí el perdón hacia
otros después de darme cuenta de mi parte en las dificultades de mis
relaciones. Quería sentir la paz y la serenidad descritas en las
Promesas. Por la práctica de los siete primeros Pasos, me di cuenta
de a quiénes había causado daño y de que yo había sido mi peor
enemigo. Para restaurar mis relaciones con mis semejantes, sabía que
tendría que cambiar.
Quería aprender a vivir en armonía conmigo
mismo y con otros para así poder también vivir en libertad
emocional. El principio del fin de mi aislamiento de mis compañeros
y de Dios me llegó cuando escribí la lista de mi Octavo Paso.
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